jueves, 27 de enero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
LA LACTANCIA MATERNA: UNA EXPERIENCIA DURA Y MARAVILLOSA
Hace poco que dejé de dar de mamar a mi bebé y como era la tercera y muy probablemente la última con la que iba a compartir esta experiencia, tengo que reconocer que sentí una inmensa pena porque esta etapa de mi vida terminara. Y es que yo soy una ferviente defensora de la lactancia, que no es una tarea fácil para ninguna mujer.

Pero es duro y sacrificado, no es fácil, están las grietas, las mastitis en ocasiones, los horarios atropellados … Merece la pena aunque sin agobios, no hay que sentirse culpable si no se puede y tampoco por darle el tiempo que tu quieras, a mi casi me hacían sentirme mal por darle catorce meses al mayor y a la pequeña. Hay que ser valientes y firmes y hacer lo que cada una sienta en su interior que debe hacer.
viernes, 21 de enero de 2011
Un relatito al hilo de lo que reflexionaba ayer
DESENCUENTROS
Tengo ya más años de los que quisiera recordar y a veces, sólo a veces, siento como si ellos fueran los que me llevaran a mí y no al contrario. Fruto de mi largo tiempo de peregrinar por esta ancha tierra he adoptado muchas costumbres, la mayoría malas, y entre ellas una destacable, que no sé si es la peor, pero sí es ciertamente poco ética, y es la de clasificar a mis nuevos amigos según el relumbrón que pienso que su estela va a imprimir en mi alma. Y si bien en ocasiones he dudado entre una y otra clasificación, no es menos cierto que el tiempo me ha dado la razón en más ocasiones de las que me ha hecho caer en el error. La clasificación es bien sencilla y creo que muchos se encontraran inmersos de lleno en una de mis categorías deseando saltar a otra en alguna ocasión, y otras veces cómodamente instalado en la posición en la que el azar les ha colocado.
En primer lugar están esos amigos del alma, los que se pueden contar con los dedos de una mano, son los que verdaderamente piensas que jamás te van a fallar y no es su perfección la que les coloca en ese altar frente a tus ojos, eres tú mismo el que los necesitas allí, a tu lado, siempre. Si cae alguno, se te rompe el alma en mil pedazos. Luego están los “amigos de toda la vida”, aquellos que no necesitas ver todos lo días para saber que están ahí, ésos que después de meses o años te volverán a ver y siempre arrancarán una sonrisa de tus labios y el convencimiento de que pronunciarás la palabra “amigo” con todas sus letras. En tercer lugar están esos amigos, del ahora, los nuevos, los del momento. Algunos quizás se queden, de otros sólo habrá un recuerdo bonito o no, que la mayor parte de las veces se fundirá con la memoria.
Los demás son meros conocidos, los que con suerte te llenarán tu entierro.
Con Manuel cometí un error; su fulgor me hizo pensar que era una de esas raras estrellas que llegan a tu vida para quedarse, y estaba convencida de ello. Tal era la luz que irradiaba que quise dotarle de lo más bellos dones y rendirle tributo dejándole abiertas de par en par las puertas de mi alma. Cometí el error de los confiados, de los que aman demasiado, puse la amistad en un lugar tan elevado que ni él ni yo pudimos llegar a alcanzarla y se quebró.
El azar, con su habitual sorna quiso que un día mientras dedicaba libros, un hombrecillo tímido se acercara a mi lado a pedirme una firma. No era uno de esos días en los que me siento espléndida, extrovertida y deseosa de agradar, al contrario, evitaba mirar a la cara de los allí reunidos para que no apercibieran el profundo hastío que aquella tarde me coronaba como reina de las letras. Pero ante todo era el trabajo y ese era el mío, el que me daba de comer y satisfacía hasta mis más ínfimos caprichos. Lo único que realmente deseaba era que la tarde se deslizara áspera pero tranquila, pero ni eso pude lograr.
- ¿No me recuerdas Ana? – dijo una voz más allá de la punta de mis dedos.
- “Una vez más la tan manida frase ¿Pero cómo me voy a acordar yo de nadie si veo a cientos de personas al cabo del día?”, pensé con hastío.
Dudé entre la mirada sorprendida- agradada de “no tengo ni puñetera idea de quién eres” y la simple ignorancia. Pero intuí que la segunda opción iba a ser desafortunada, pues como pude observar por el rabillo del ojo, el viento había hecho estragos en mis fieles y escasamente me quedarían cinco, así que tomé fuerzas de mi ego, por entonces bastante crecido, y me enfrenté a aquella cara desconocida con mi mejor máscara de persona agradable.
- ¿No te acuerdas de mí?, volvió a decir aquel personaje no muy alto y de pelo ralo que me miraba a través de unos grandes lentes...
- No recuerdo... comencé a decir, pero aquellos ojos... aquellos ojos me retrotrajeron veinte años atrás. No puede ser, me dije.
- Soy yo Manuel, me dijo como si eso lo clarificara todo.
- Un suave destello rozó mi alma y por un instante recordé ...
- Lo siento, perdóneme pero no le recuerdo, - El siguiente, por favor, ¿Cómo se llama señora?.
En primer lugar están esos amigos del alma, los que se pueden contar con los dedos de una mano, son los que verdaderamente piensas que jamás te van a fallar y no es su perfección la que les coloca en ese altar frente a tus ojos, eres tú mismo el que los necesitas allí, a tu lado, siempre. Si cae alguno, se te rompe el alma en mil pedazos. Luego están los “amigos de toda la vida”, aquellos que no necesitas ver todos lo días para saber que están ahí, ésos que después de meses o años te volverán a ver y siempre arrancarán una sonrisa de tus labios y el convencimiento de que pronunciarás la palabra “amigo” con todas sus letras. En tercer lugar están esos amigos, del ahora, los nuevos, los del momento. Algunos quizás se queden, de otros sólo habrá un recuerdo bonito o no, que la mayor parte de las veces se fundirá con la memoria.
Los demás son meros conocidos, los que con suerte te llenarán tu entierro.
Con Manuel cometí un error; su fulgor me hizo pensar que era una de esas raras estrellas que llegan a tu vida para quedarse, y estaba convencida de ello. Tal era la luz que irradiaba que quise dotarle de lo más bellos dones y rendirle tributo dejándole abiertas de par en par las puertas de mi alma. Cometí el error de los confiados, de los que aman demasiado, puse la amistad en un lugar tan elevado que ni él ni yo pudimos llegar a alcanzarla y se quebró.
El azar, con su habitual sorna quiso que un día mientras dedicaba libros, un hombrecillo tímido se acercara a mi lado a pedirme una firma. No era uno de esos días en los que me siento espléndida, extrovertida y deseosa de agradar, al contrario, evitaba mirar a la cara de los allí reunidos para que no apercibieran el profundo hastío que aquella tarde me coronaba como reina de las letras. Pero ante todo era el trabajo y ese era el mío, el que me daba de comer y satisfacía hasta mis más ínfimos caprichos. Lo único que realmente deseaba era que la tarde se deslizara áspera pero tranquila, pero ni eso pude lograr.
- ¿No me recuerdas Ana? – dijo una voz más allá de la punta de mis dedos.
- “Una vez más la tan manida frase ¿Pero cómo me voy a acordar yo de nadie si veo a cientos de personas al cabo del día?”, pensé con hastío.
Dudé entre la mirada sorprendida- agradada de “no tengo ni puñetera idea de quién eres” y la simple ignorancia. Pero intuí que la segunda opción iba a ser desafortunada, pues como pude observar por el rabillo del ojo, el viento había hecho estragos en mis fieles y escasamente me quedarían cinco, así que tomé fuerzas de mi ego, por entonces bastante crecido, y me enfrenté a aquella cara desconocida con mi mejor máscara de persona agradable.
- ¿No te acuerdas de mí?, volvió a decir aquel personaje no muy alto y de pelo ralo que me miraba a través de unos grandes lentes...
- No recuerdo... comencé a decir, pero aquellos ojos... aquellos ojos me retrotrajeron veinte años atrás. No puede ser, me dije.
- Soy yo Manuel, me dijo como si eso lo clarificara todo.
- Un suave destello rozó mi alma y por un instante recordé ...
- Lo siento, perdóneme pero no le recuerdo, - El siguiente, por favor, ¿Cómo se llama señora?.
jueves, 20 de enero de 2011
Pérdidas y reacciones del entorno: ¿Cuestión de Expectativas?
El otro día hablaba con una compañera y amiga sobre este asunto. Fue una conversación interesante y me dio otro punto de vista. Hablábamos de la pérdidas y de las situaciones graves a los que todos tarde o temprano nos tenemos que enfrentar y de cómo reaccionan las personas que hay a nuestro alrededor. La conversación surgió a raíz de las pérdidas surgidas en nuestro entorno, ya sea de familiares, de parejas … Yo le comentaba que cuando a mi me había ocurrido, había gente que se había comportado de forma maravillosa y me había reconfortado mucho comprobarlo y otra que simplemente me había fallado, que yo pensaba que no había estado a la altura y que realmente me había hecho mucho daño.
Personalmente esto lo he comentado en ocasiones, cuando he hablado con gente que ha sufrido por este tema.
Ella me decía que en nuestro mundo faltaba mucha comunicación y que muchas veces lo que entendemos por falta de interés, tiene otras causas que no conocemos simplemente porque no hemos hablado de ello, y que la consideración buena o mala sobre la forma de responder de la gente de nuestro entorno, dependía en gran medida de nuestras expectativas sobre ellos …
Puede tener razón, realmente yo no puedo saber si he correspondido a las expectativas de los demás sobre mi, quizá pienso que si y ha sido que no …Me dio que pensar …
miércoles, 19 de enero de 2011
Las Nuevas tecnologías
Mi peque cogió ayer ella solita el teléfono, diréis que no es una novedad, pero quizás si os digo que mi peque tiene 14 meses ya os sorprenderéis algo más… Y es que estaba malita, sonó el teléfono y ella que vio la luz parpadeante se lanzó a coger con tanto acierto que descolgó y me la encontré “hablando” tan seria( ah, tate, papá …) con su sorprendido papi al otro lado de la línea. Y esto me plantea una duda ¿Hasta dónde serán capaces de llegar estos niños que nacen con las nuevas tecnologías? Aunque el teléfono es bastante antiguo (s. XIX), creo que entenderéis dónde quiero llegar. Mi hija de cinco años controla sin problema el ratón del ordenador, también el táctil del portátil (con lo que me costó a mi…) Mi hijo de siete repasa las lecciones en inglés gracias al portátil y no os quiero contar sus habilidades con las consolas, aunque sólo le dejo jugar los fines de semana. Las ciencias avanzan tan deprisa que seguro que dentro de diez años quién sabe lo que podrán hacer …
martes, 18 de enero de 2011
Simplemente yo
Así me siento yo, como una mujer que un día dejó de ser sólo ella misma para ser mamá.
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